
Llegas a casa agotado, pero no del cansancio normal. Es un agotamiento diferente: no descansas por la noche, el domingo por la tarde ya empiezas a sentir un nudo en el estómago pensando en el lunes, no consigues desconectar ni en vacaciones. El trabajo ha dejado de ser un área más de tu vida para convertirse en algo que lo contamina todo: tu humor, tus relaciones, tu sueño, tu salud.

Perder a alguien importante es una de las experiencias más dolorosas que podemos vivir. Y sin embargo, el duelo sigue siendo uno de los grandes tabúes de nuestra sociedad. Se espera que pases página rápido, que vuelvas a la normalidad, que seas fuerte. Frases como "el tiempo lo cura todo" o "tienes que ser fuerte por tus hijos" se repiten con buena intención pero con un efecto devastador: hacen que la persona que está sufriendo se sienta sola, incomprendida y culpable por no poder avanzar al ritmo que los demás esperan.

Hay personas que funcionan bien en apariencia. Trabajan, cumplen, mantienen relaciones, se hacen cargo de sus responsabilidades. Pero por dentro llevan una voz que no calla: "No soy suficiente." "Si supieran cómo soy de verdad, no les gustaría." "Todo lo que consigo es por suerte, no por mérito." "No merezco lo bueno que me pasa."

La mayoría de las parejas que llegan a nuestra consulta en Oviedo dicen lo mismo: "Deberíamos haber venido antes." No es una frase hecha. Es la constatación de algo que vemos a diario: las parejas tienden a buscar ayuda profesional cuando el desgaste ya es muy profundo, cuando los intentos de solución por su cuenta han fracasado una y otra vez, cuando la desconexión emocional se ha instalado como el estado habitual de la relación.




