

El cambio
Junio, 23/2026
Si alguna vez has sentido que el corazón se te disparaba sin motivo aparente, que te faltaba el aire o que ibas a perder el control de un momento a otro, sabes lo desconcertante que puede ser. Los ataques de pánico son experiencias muy intensas y, aunque no son peligrosos en sí mismos, asustan profundamente a quien los vive. En Clínica Danái, en pleno centro de Oviedo, acompañamos a menudo a personas agotadas de convivir con ese miedo y, sobre todo, con el miedo a que vuelva a ocurrir.
La buena noticia es que los ataques de pánico se entienden bien y, cuando se trabajan de forma adecuada, mejoran. No se trata de “aprender a aguantar” ni de resignarse a vivir en alerta permanente. Como psicólogo de ataques de pánico en Oviedo, nuestro objetivo es que comprendas qué te pasa, recuperes la confianza en tu cuerpo y dejes de organizar tu vida alrededor del temor a sentir miedo. En este artículo te explicamos qué es un ataque de pánico, por qué ocurre y cómo se aborda en terapia con un enfoque basado en la evidencia.
Qué es un ataque de pánico y por qué ocurre
Un ataque de pánico es una oleada brusca de miedo o malestar muy intenso que aparece en cuestión de minutos, acompañada de sensaciones físicas y pensamientos angustiosos. Suele alcanzar su punto máximo con rapidez y, aunque parezca que “esto no se acaba nunca”, lo habitual es que la intensidad descienda al cabo de un rato.
¿Por qué ocurre? En el fondo, un ataque de pánico es una respuesta de alarma del organismo que se activa cuando no hay un peligro real. El sistema nervioso pone en marcha la respuesta de “lucha o huida”: libera adrenalina, acelera el corazón y la respiración y tensa los músculos para reaccionar. Esta respuesta es normal y adaptativa cuando hay un peligro objetivo; el problema aparece cuando se dispara “en falso”, sin una amenaza que la justifique.
Síntomas: lo que sientes en el cuerpo y lo que pasa por tu cabeza
Los ataques de pánico combinan síntomas físicos muy marcados con pensamientos de alarma. Conocerlos ayuda a reconocerlos y a no interpretarlos como una catástrofe:
Síntomas físicos frecuentes:
Palpitaciones o sensación de que el corazón late muy deprisa.
Dificultad para respirar, sensación de ahogo o de que falta el aire.
Opresión o dolor en el pecho.
Sudoración, escalofríos, temblores o flojedad en las piernas.
Mareo, aturdimiento o inestabilidad.
Hormigueo en manos, brazos o cara.
Náuseas o sensación de irrealidad o de estar desconectado del entorno.
Síntomas cognitivos (lo que pensamos durante el episodio):
Miedo a sufrir un infarto o a que algo grave le esté pasando al cuerpo.
Miedo a perder el control o a “volverse loco”.
Miedo a desmayarse delante de otras personas.
Sensación de muerte inminente o de que algo terrible va a suceder.
Estos pensamientos son comprensibles: cuando el cuerpo se activa de forma tan brusca, la mente busca una explicación y lo interpreta como una emergencia. Esa interpretación es la que alimenta el círculo del pánico, como veremos a continuación.
Diferencia entre un ataque de pánico y el trastorno de pánico
Es importante distinguir entre tener un ataque de pánico y desarrollar un trastorno de pánico, porque no son lo mismo.
Tener un ataque de pánico aislado es más común de lo que solemos pensar. Muchas personas experimentan uno en algún momento de su vida, a menudo en una etapa de estrés o cambios importantes, y luego no vuelve a repetirse. Un episodio puntual no implica que se padezca un trastorno.
Hablamos de trastorno de pánico cuando los ataques se repiten de forma inesperada y, sobre todo, cuando aparece una preocupación persistente por volver a tenerlos, lo que lleva a cambiar la conducta para intentar evitarlos. El problema deja de ser el ataque en sí y pasa a ser el miedo continuado a que vuelva a ocurrir.
El círculo del miedo al miedo y la evitación
Una de las ideas más útiles para entender el pánico es la del “miedo al miedo”. Funciona así: tras vivir un ataque, es natural quedarse con el temor de que se repita y estar muy pendiente de las sensaciones corporales. La persona nota, por ejemplo, que el corazón se acelera al subir unas escaleras y, en lugar de leerlo como algo normal, lo interpreta como una señal de alarma: “¿y si me está dando otro ataque?”.
Esa interpretación catastrófica aumenta la ansiedad, lo que intensifica las sensaciones físicas, que se leen como confirmación del peligro, y así el malestar se realimenta. Es un círculo en el que el miedo a las propias sensaciones acaba provocando lo que se teme.
A ese mecanismo se suma la evitación. Para no exponerse al riesgo de otro ataque, la persona empieza a evitar lugares o actividades: conducir, el transporte público, las aglomeraciones o alejarse de casa. La evitación alivia la ansiedad a corto plazo, pero a largo plazo la refuerza: cada vez que evitas, tu cerebro confirma que esa situación era peligrosa. Así, poco a poco, el mundo se va haciendo más pequeño. Romper este círculo es uno de los objetivos centrales de la terapia.
Cuándo pedir ayuda
No hace falta llegar al límite para buscar apoyo profesional. Conviene plantearse pedir ayuda cuando:
Los ataques de pánico se repiten y vives con miedo a que vuelvan a aparecer.
Has empezado a evitar situaciones, lugares o actividades por temor a sufrir un ataque.
El malestar interfiere en tu trabajo, tus relaciones o tu día a día y sientes que tu vida se va limitando.
Un apunte: la primera vez que se experimentan síntomas físicos intensos como dolor en el pecho o falta de aire, es razonable que un médico descarte otras causas. Confirmado que se trata de ansiedad, el trabajo psicológico es una de las vías más eficaces para abordarla.
Cómo lo trabajamos en Clínica Danái
En Clínica Danái, en el centro de Oviedo, abordamos los ataques de pánico con un enfoque basado en la evidencia y adaptado a cada persona. Estas son las principales herramientas que utilizamos:
Psicoeducación. Te explicamos de forma clara qué es un ataque de pánico, por qué ocurre y qué papel juega tu cuerpo. Comprender el mecanismo de la alarma y del miedo al miedo ya reduce buena parte de la angustia.
Terapia cognitivo-conductual (TCC). Es uno de los tratamientos con mayor respaldo para el pánico. Trabajamos para modificar las interpretaciones catastróficas de las sensaciones y reducir, paso a paso, las conductas de evitación y de seguridad que mantienen el problema.
Exposición interoceptiva. De forma gradual y siempre acordada contigo, provocamos de manera controlada algunas de esas sensaciones temidas (por ejemplo, notar el corazón acelerado) para comprobar, con tu propia experiencia, que no son peligrosas.
EMDR cuando hay una base traumática. Si los ataques están relacionados con experiencias difíciles o traumáticas del pasado, podemos incorporar EMDR, un abordaje orientado a procesar esos recuerdos para que dejen de alimentar la respuesta de alarma en el presente.
En cuanto a la medicación, es competencia del médico o del psiquiatra, no del psicólogo. Cuando es necesaria, trabajamos de forma coordinada con estos profesionales para que el tratamiento psicológico y el farmacológico se complementen.
Cuánto suele durar el tratamiento
Es una de las preguntas más habituales y la respuesta honesta es que depende de cada persona: del tiempo que lleve el problema, de si hay evitación importante o experiencias traumáticas asociadas y del ritmo de cada uno. Dicho esto, los problemas de pánico suelen responder bien a la terapia y muchas personas notan mejoría en un número razonable de sesiones, sin que sea necesario un tratamiento indefinido. Desde la primera consulta podremos orientarte de forma más concreta.
Da el primer paso
Si los ataques de pánico están condicionando tu vida, no tienes por qué afrontarlo en solitario. En Clínica Danái te ayudamos a entender lo que te pasa y a recuperar la confianza en ti mismo, con un acompañamiento cercano y basado en la evidencia.
Estamos en C. la Lila 12, en el centro de Oviedo. Puedes escribirnos o llamarnos por teléfono o WhatsApp al 686 14 34 39, o por correo a info@clinicadanai.es. La primera llamada es informativa, gratuita y sin compromiso: un primer contacto para contarnos qué te ocurre y ver cómo podemos ayudarte. Dar ese paso ya es empezar a perderle el miedo al miedo.


