

El cambio
Llevas seis, ocho, doce sesiones. Ya has cogido confianza. Y un día tu psicóloga dice: «creo que te vendría bien que te valorase un psiquiatra». La frase cae como una piedra. Si buscas por qué el psicólogo te manda al psiquiatra, seguramente te acaba de pasar y llevas dos días dándole vueltas.
Casi todo el mundo lo entiende mal en la misma dirección: «entonces estoy peor de lo que creía», «me van a medicar de por vida» o, la que más duele, «me está echando». Ninguna suele ser cierta. Una derivación no cierra un proceso: lo amplía. Lo normal es seguir con tu psicólogo igual y añadir una consulta médica en paralelo.
Derivar no significa que estés peor
Un psicólogo deriva por una razón sencilla: hay una parte del cuadro que necesita una herramienta que él no tiene. Igual que un fisio te manda a hacerte una radiografía sin que tu lesión haya empeorado.
Fíjate en cuándo aparece: casi nunca en la primera sesión. Llega cuando el profesional ya te conoce y ve algo que se le escapa; es decir, cuando la terapia está funcionando lo bastante como para ver el mapa completo. Tres traducciones y ninguna es «vas mal»:
«Hay que descartar algo médico.» Sospecha de una causa física detrás de parte de los síntomas.
«Necesitas un suelo para poder trabajar.» No duermes, no te concentras o la ansiedad está tan alta que la sesión no cunde.
«Esto lo diagnostica un médico y yo no lo firmo.» Hay cuadros que, por formación y por competencias, valora otro profesional.
Y si te lo propone en vez de seguir cobrándote sesiones que rinden poco, está haciendo bien su trabajo: el código deontológico de la profesión recoge el deber de derivar cuando el caso excede la propia competencia.
Quién receta y quién no: la línea que no se cruza
El psiquiatra es médico: Medicina y después la especialidad vía MIR. Puede pedir analíticas y pruebas de imagen, diagnosticar y prescribir fármacos. El psicólogo sanitario no receta, no ajusta dosis y no puede decirte que retires un medicamento. No es cuestión de nivel: prescribir es un acto médico.
Por eso no te responderá qué pastilla tomar para la ansiedad, si esa dosis es mucha o poca o si ya puedes dejarlo. No se guarda la información: responder eso sería intrusismo.
Si lo que buscas es la comparación de base entre ambas profesiones —quién trata qué y por cuál empezar si aún no has ido a ninguna—, lo tienes en psicólogo o psiquiatra: en qué se diferencian. Aquí damos por hecho que ya estás dentro: la pregunta es por qué ahora se suma un segundo profesional.
Los siete motivos reales por los que un psicólogo deriva
No es una corazonada: hay criterios bastante estandarizados y estos son los que más aparecen:
Sospecha de causa orgánica. Síntomas que encajan mal con lo psicológico: cansancio extremo, palpitaciones, pérdida de peso sin explicación, cambios de ánimo al empezar una medicación nueva. Los problemas de tiroides, las anemias o algunos déficits vitamínicos pueden parecerse mucho a una ansiedad o a una depresión. Si el cuerpo habla y las pruebas salen bien, eso es otra cosa: lo vemos en síntomas físicos de origen emocional.
Síntomas psicóticos. Oír voces, ideas de que te vigilan, pensamiento desorganizado. Aquí la derivación es inmediata y no negociable.
Riesgo suicida. No cualquier pensamiento de «para qué sigo», más frecuente de lo que se cree: se deriva cuando hay plan, medios accesibles o intentos previos. Si estás ahí ahora mismo, el 024 atiende gratis las 24 horas.
Sospecha de manía o hipomanía. Dormir tres horas sin cansancio, gasto desbordado, ideas de grandeza, hablar sin parar. Cuando el ánimo no solo baja sino que se dispara, el cuadro cambia de categoría.
Trastorno alimentario con compromiso físico. Pérdida de peso rápida, atracones y vómitos frecuentes, desmayos, falta de regla. La parte psicológica es imprescindible, pero antes hay que asegurar que el cuerpo aguanta: analítica y control médico. Lo desarrollamos en cómo se aborda un trastorno alimentario.
Insomnio o ansiedad que impiden trabajar en terapia. El motivo más frecuente. Si llevas semanas durmiendo tres horas, no hay técnica que agarre. En por qué no puedes dormir distinguimos cuándo el insomnio es síntoma y cuándo ya es el problema.
Sospecha de TDAH u otros cuadros del neurodesarrollo. El psicólogo puede pasarte pruebas y aportar buena parte de la evaluación, pero el tratamiento farmacológico depende de un médico. No es por gravedad: es por competencias.
Un octavo motivo no clínico: los informes. Una baja laboral o un trámite que exija un diagnóstico médico lo firma un médico.
Sí, puedes ir al psicólogo y al psiquiatra a la vez
Es la duda que más se repite, y no solo se puede: en cuadros moderados o graves suele ser lo recomendable. Las guías clínicas de ansiedad y depresión tienden a situar el tratamiento combinado —psicoterapia más fármaco— por delante de cualquiera de las dos opciones por separado en esos casos, sobre todo de cara a sostener la mejoría cuando la medicación se retira. Cómo se reparte el trabajo:
El psiquiatra valora, pauta si procede y revisa. Consultas cortas: una primera más larga y luego revisiones cada pocas semanas, más espaciadas al estabilizar.
El psicólogo sigue igual, en sesiones semanales o quincenales: entender qué mantiene el problema, cambiar patrones, trabajar la evitación o el trauma.
La imagen útil: el fármaco baja el volumen del ruido, la terapia cambia la letra de la canción. Si solo bajas el volumen, al retirarlo la canción sigue ahí, y por eso medicarse no sustituye a la terapia. Si lo tuyo es un ánimo bajo persistente, aquí distinguimos tristeza de depresión.
Qué se cuentan entre ellos y con qué permiso
Esta parte inquieta más de lo que se dice, y la regla es clara: tu psicólogo no puede llamar al psiquiatra y contarle tu vida sin tu consentimiento. El secreto profesional y la protección de datos obligan a pedírtelo, y ese permiso es tuyo, revocable y limitable. Lo habitual es un informe breve que puedes leer antes de que salga. Suele incluir:
Motivo de consulta y tiempo de evolución: qué te trajo y desde cuándo.
Síntomas actuales relevantes: sueño, apetito, ánimo, ansiedad, riesgo.
Qué se ha trabajado y con qué respuesta, más antecedentes y medicación que ya tomes, suplementos y alcohol incluidos.
La pregunta concreta: «¿valoración de apoyo farmacológico para el insomnio?». No es un volcado de tu historia.
Lo que no viaja ahí: el contenido literal de las sesiones, tus relaciones, las anotaciones subjetivas del profesional. Si prefieres que algo no se comparta, dilo antes: el informe se puede acotar. Y si quieres llevarlo en mano en vez de que se envíe, también puedes pedirlo.
Que la información circule en los dos sentidos marca la diferencia: un psiquiatra que sabe que estás en terapia y un psicólogo que sabe qué dosis llevas te evitan mensajes contradictorios.
«Es que no quiero medicarme»
Decirlo en voz alta es la mejor opción que tienes. Nadie puede medicarte sin tu consentimiento: la Ley 41/2002 de autonomía del paciente reconoce tu derecho a rechazar un tratamiento. Conviene separar el «no» del miedo que lo sostiene.
Ir a la consulta no es aceptar la pauta. Es una valoración: escuchas, preguntas y decides después. No todas las derivaciones terminan en receta.
Pregunta cinco cosas: qué se busca con el fármaco, cuánto tarda en notarse, qué efectos son esperables al principio, cuánto está previsto mantenerlo y cómo se retira.
«De por vida» casi nunca. En una ansiedad o una depresión sin recaídas repetidas se suele hablar de meses, no de años, y de una retirada gradual pautada por el médico.
Si dices que no, díselo a los dos. A tu psicólogo le sirve para ajustar objetivos: hay trabajo que se puede hacer igual, solo que más despacio.
Distinto es rechazar cuando hay riesgo vital, síntomas psicóticos o un cuadro alimentario descompensado. Ahí la conversación cambia de tono: el tiempo juega en contra.
Cómo se pide esa cita en Asturias y qué pasa en ella
La derivación no es un volante mágico. Hay dos caminos:
Vía pública. Pides cita con tu médico de familia y le llevas el informe del psicólogo. Es él quien deriva a la unidad de salud mental de tu área, y ese papel ayuda a que salga a la primera. Las esperas suelen medirse en semanas o meses según el área y el momento; cuando hay riesgo existen circuitos preferentes. Quién paga qué lo desglosamos en psicólogo por la Seguridad Social o privado.
Vía privada. Pides cita con un psiquiatra directamente, sin volante: más rápido y más caro. Si tienes seguro, comprueba si cubre psiquiatría, porque varía bastante de una póliza a otra.
Lleva tres cosas preparadas: la lista de toda tu medicación, anticonceptivos, tiroides y suplementos incluidos; cuántas horas duermes de media esta última semana, porque a ojo se responde fatal; y desde cuándo estás así, contado en meses.
La consulta en sí suele decepcionar a quien esperaba un diván. La primera visita es la más larga —orientativamente, entre media hora y una hora, bastante menos en las revisiones— y se parece a una consulta médica: preguntará por sueño, apetito, peso, concentración, consumo de alcohol u otras sustancias, antecedentes familiares, enfermedades y fármacos previos, y qué has probado ya. Es frecuente que pida una analítica. Puedes salir con una pauta, con una propuesta de volver a revisarlo en unas semanas o sin nada. Y después vuelve a tu sesión de psicología y cuéntalo: esa es la mitad que se olvida.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el psicólogo te manda al psiquiatra?
Porque hay una parte de tu caso que necesita una herramienta médica que él no puede usar: descartar una causa física, valorar un apoyo farmacológico o hacer un diagnóstico que corresponde a un médico. No es señal de que hayas empeorado ni de que la terapia haya fallado, y tampoco es un alta: casi siempre sigues yendo a terapia igual.
¿Cuándo un psicólogo deriva a un psiquiatra?
Cuando aparece alguno de estos criterios: sospecha de causa orgánica, síntomas psicóticos, riesgo suicida con plan o intentos previos, sospecha de manía o hipomanía, un trastorno alimentario con compromiso físico, un insomnio o una ansiedad que impiden trabajar en sesión, o la sospecha de un cuadro como el TDAH. También cuando hace falta un informe médico para una baja laboral.
¿Se puede ir al psicólogo y al psiquiatra a la vez?
Sí. El psiquiatra valora, pauta y revisa en citas cortas; el psicólogo mantiene el trabajo semanal o quincenal. Lo imprescindible es que ambos sepan el uno del otro, con tu permiso.
Tengo ansiedad, ¿qué puedo tomar?
Nada por tu cuenta, y menos lo que le funcionó a un familiar: los ansiolíticos que circulan por los cajones de casa pueden generar tolerancia y dependencia en poco tiempo, y las guías recomiendan pautas cortas, de pocas semanas y bajo control médico. Si procede un fármaco, cuál y durante cuánto lo decide un médico que te ha valorado. Lo que las guías sí colocan en primera línea es la psicoterapia. Si aún no has empezado, mira las señales de que toca pedir ayuda por ansiedad.
¿Y para los ataques de pánico, qué se toma?
Un ataque de pánico suele alcanzar su punto máximo en torno a los diez minutos y rara vez pasa de media hora, y no es peligroso por muy real que sea la sensación de que te estás muriendo. El tranquilizante de rescate alivia rápido, pero tiende a enseñarle a tu cerebro que sin él no sobrevives, y eso alimenta el problema a largo plazo. El tratamiento con más respaldo es psicológico, con exposición a las sensaciones corporales. Lo explicamos en cómo se tratan los ataques de pánico.
¿Te han propuesto una derivación y no sabes qué hacer con ella? En Clínica Danái trabajamos coordinados con psiquiatría cuando el caso lo pide y te explicamos antes qué se comparte y qué no: pide cita con nuestro equipo en Oviedo.

